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TEATRO DE CAMARA "FERNANDO SAAVEDRA" Teatro de Cámara Fernando Saavedra HISTORIA DE TEATRO Por Alma Montemayor Conforme se iba avanzando en la construcción del Teatro de los Héroes, surgió una idea a la que de inmediato se dio luz verde: construir otros dos teatros: el de Cámara y el Teatro al aire libre. El arquitecto Eduardo Nava se encargó del diseño y el seguimiento de la construcción del Teatro de Cámara; en tanto que el equipo de Obras Públicas se hizo cargo del proyecto del Teatro al aire libre. Durante meses se construyeron simultáneamente los tres teatros y se terminaron al mismo tiempo. La supervisión arquitectónica estaba a cargo de Obras Públicas en sus aspectos generales, y tenían apoyos de ingenieros especialistas para las instalaciones hidro sanitarias, eléctricas y de aire acondicionado. Por supuesto las ingenierías teatrales (telones, poleas, concha acústica, iluminación, equipos de sonido, etc.) requirieron de un apoyo sumamente especializado y de asesoría constante, que la empresa norteamericana OLESEN brindaba muchas veces por vía telefónica, teniendo a la vista los planos de las instalaciones. En materia de acústica asesoró el ingeniero Eduardo Álvarez Sierra, de la Ciudad de México. Él hizo el proyecto de acústica teatral para los tres teatros, en estrecha colaboración con el equipo de residentes que diseñó las formas y dimensiones de los escenarios. El jueves 23 de octubre de 1980, a tres semanas de la inauguración del Teatro de los Héroes, se inauguró el Teatro de Cámara con un concierto de guitarra a cargo de Selvio Carrizosa, quien era conocido en Chihuahua porque, aunque no era nativo del estado, había estudiado en el Instituto Tecnológico de Chihuahua, de donde era egresado. Antes de iniciar el concierto habló de la historia de la guitarra, auxiliado con diapositivas. El concierto, que se consideró todo un éxito, se desarrolló conforme al siguiente programa: Danzas españolas para guitarra barroca de Gaspar Sáenz; Dos preludios de Héctor Villalobos; dos estudios del mismo autor. (intermedio) Cuatro estudios de Leo Brower y Danza Característica, del mismo autor; Homenaje a Manuel M. Ponce, de Guillermo Flores M.; y Sonatina, de Federico Moreno Torroba. El Teatro de Cámara y los grupos localesLos artistas chihuahuenses no tardaron en posesionarse del Teatro de Cámara, que resultaba más fácil de llenar y mucho más accesible desde el punto de vista económico (sin contar con que muchas veces conseguían exención). Los grupos que tenían una actividad regular fueron los primeros en acercarse, entre otros el Instituto de Bellas Artes de la Uach, el Instituto Tecnológico de Monterrey Campus Chihuahua, y el grupo de teatro del IMSS. Hacia mediados de la década, el Gobierno del Estado, a través de Fomento a la Expresión Cultural, empezó a prestar apoyo a los diversos grupos para realizar, principalmente en el Teatro de Cámara, concursos, festivales y muestras. Bellas Artes de la UniversidadEntre las obras de teatro presentadas por Bellas Artes en ese tiempo, la que significó uno de los trabajos más profesionales y se instaló en la memoria de los chihuahuenses, fue Voces en el Umbral, de Víctor Hugo Rascón, cuyo tema es el esplendor y la decadencia de las minas de Uruachic. Se presentó en 1984 en el Teatro de Cámara, dirigida por Martha Luna, quien concibió la obra a manera de una danza, con un movimiento rítmico, y por tal motivo trajo al coreógrafo Guillermo Serret para que participara en el trazo escénico. El productor ejecutivo fue Sergio Fernández, del Instituto de Bellas Artes; los actores fueron del propio Instituto: Raúl Gómez Franco, Adriana Barraza, Susy Flores, Mario Humberto Chávez y Manuel Talavera. Este último participó también como asistente de dirección. Otros artistas de la localidad que participaron con gran profesionalismo fueron: Arturo Ochoa, quien compuso música original para la obra; José Pérez Delgado tuvo a su cargo el diseño de vestuario y Chavita Lomelí se hizo responsable de la escenografía. El resultado fue una puesta en escena memorable. Víctor Hugo siguió paso a paso la preparación de la obra y el día del estreno se hizo acompañar por un grupo de parientes procedentes de Uruachic. También estuvieron presentes el dramaturgo Vicente Leñero (en cuyo taller Víctor Hugo había escrito la obra) y el crítico Fernando de Ita. De Ita recogió los comentarios del público, poniendo especial énfasis en aquel que señalaba: “En Chihuahua no sólo hay buena mota (el escándalo de Búfalo estaba reciente), también hay buen teatro”. Por su parte Leñero opinó: “Por el montaje y por el alto nivel del grupo, es una obra digna de ir a México y de recorrer todo el país”. Martha Luna se llevó la obra al Distrito Federal, donde se presentó con éxito una semana en el Teatro Jiménez Rueda y otros días más en La Ciudadela. Varios de los actores recibieron propuestas de trabajo en México, pero sólo Adriana Barraza se quedó. Grupo de teatro del ITESMLa primera obra del grupo de teatro del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Chihuahua, que se presentó en el Teatro de Cámara fue La fonda del café, de Goldoni, en abril de 1983. Federico Ferro Gay la sugirió a Enrique Hernández Soto, y el mismo maestro Ferro Gay la tradujo del italiano al español. La obra gustó mucho y recibió invitación para presentarse en Torreón. A partir de entonces todas las obras del grupo de teatro del Itesm siguieron presentándose en el Teatro de Cámara. En 1984 subieron a escena dos: en marzo La dama del alba, de Alejandro Casona, cuya temporada fue también exitosa y ganó al grupo una invitación del director del Campus Mazatlán para presentarla en aquella ciudad. En noviembre del mismo año se presentó Volpone o El Zorro, de Benjamín Jonson. En esta obra sucedió un curioso percance: uno de los actores jamás llegó. Cuando el personaje que representaba el actor ausente estaba a punto de entrar a escena, el director decidió suspender la obra; pero en ese momento se dio cuenta que un miembro honorario de la tramoya, Guillermo Lozano, estaba vestido con el traje del personaje en cuestión y trataba de memorizar sus textos. Sin más, el improvisado actor salió a escena y, después de decir sus dos primeros parlamentos olvidó todo. Por suerte los demás actores entraron al quite y consiguieron sacar adelante la función. Las dos obras puestas por el grupo del Itesm en el Teatro de Cámara en 1985 permitieron el lucimiento de los personajes femeninos: en abril La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, que con una atinada escenografía de Enrique Amaya logró un sonado éxito, con llenos completos los diez días de representación; y Casa de Muñecas, de Ibsen, una de las obras favoritas de Enrique Hernández Soto, que por primera vez puso en escena en noviembre de ese año. Grupo de Teatro del IMSS Las obras preparadas por el grupo de teatro del Centro de Seguridad Social del IMSS para participar en el Festival del Siglo de Oro de El Paso Texas (obras que generalmente obtenían numerosos premios) se presentaban también en el Complejo Cultural y Artístico de Chihuahua, principalmente en el Teatro de Cámara, y en no pocas ocasiones en el Teatro al aire libre. El bautizo del Teatro de CámaraEl 10 de julio de 1990 murió Fernando Saavedra, el decano del teatro en Chihuahua. Tenía 55 años y su repentina muerte, a causa de un paro cardiaco, provocó conmoción en el medio teatral, especialmente entre sus alumnos y los integrantes del grupo Los Juglares, que él había formado al inicio de los años 80. Apenas dos meses antes había presentado en el Teatro de Cámara la obra Fin de Partida, que pareció resultar profética. El recinto que recibió sus restos para celebrar la ceremonia del adiós fue el Teatro de Cámara del Complejo Cultural, sobre el escenario se colocó el ataúd, se hizo una semblanza de su vida en el teatro y se pidió a los asistentes a la ceremonia luctuosa, que llenaban las localidades, se pusieran de pie para brindar el consabido minuto de aplausos (no de silencio). El aplauso fue largo, cálido y emotivo. Se aplaudía toda una vida en el teatro. Al terminar, la actriz y poeta Micaela Solís tomó la palabra para proponer que ese recinto, donde tantas veces se pusieron en escena las obras dirigidas por Fernando Saavedra, llevara su nombre. La propuesta se aprobó por aclamación y además se levantaron firmas para respaldar la petición. El trámite para imponer el nombre del fallecido director al Teatro de Cámara, tuvo que pasar por los vericuetos de la burocracia, incluso por el Congreso del Estado, por lo que transcurrieron dos años y fue en el verano de 1992 cuando el nombre de Fernando Saavedra se adoptó legal y formalmente. En agosto de 1993 el Ichicult inició, precisamente en el Teatro de Cámara, un ciclo al que se denominó Cine en Cámara, cuyo propósito era exhibir películas de calidad que no se proyectan comercialmente ni se rentan en videoclubes. El ciclo se prolongó hasta el mes de diciembre, pero la asistencia fue baja. Entre otras películas proyectaron: Los olvidados, Canoa, Náufragos, A la hora señalada y Robinson Crusoe. Además, el Teatro Fernando Saavedra se reveló también como sitio propicio para la presentación de libros y sustentación de charlas sobre literatura. Por desgracia también por esa época se intensificaron cierto tipo de actividades académicas que mucho contribuyeron a deteriorar el Teatro y que para colmo recibían exención o tarifa especial. Al parecer todo mundo se sentía con derecho de usar los teatros gratis o por una cantidad simbólica. Enrique Hernández Soto continuaba cumpliendo rigurosamente su compromiso de presentar dos obras al año. Entre las comedias más divertidas que presentó en esos años se cuentan Se busca un tenor, de Ken Ludwig en el otoño de 1991 y Plaza Suite, de Neil Simon (otoño de 1992). En noviembre de 1993 se presentó lo que fue la obra más exitosa en la historia del Campus: La maestra milagrosa, de William Gibson, basada en la vida de Hellen Keller. Las diez funciones estuvieron llenas y no sólo eso: se quedaban afuera hasta 150 personas. Por supuesto la obra se repuso y el teatro volvió a llenarse. Otra obra que dirigió Hernández Soto en esa primera mitad de los 90 y que se presentó también en el Teatro de Cámara, fue Su Alteza Serenísima, de José Fuentes Mares. Por supuesto la había estrenado en vida del autor, pero realizó un segundo montaje para tomar parte en el homenaje al escritor chihuahuense durante las I Jornadas Culturales José Fuentes Mares, realizadas en septiembre de 1990. La “farsa antipatriótica” centrada en la vida del general Antonio López de Santa Anna, se llevó a cabo con un reparto en el que se incluía, entre otros muchos actores, a Carlos Ayala, Alfonso Varona y Francisco Díaz. El grupo de teatro del Itesm Campus Chihuahua, dirigido por Enrique Hernández Soto, continuó presentando dos obras por año hasta noviembre de 1999. Una grave enfermedad, que le arrebataría la vida en corto tiempo, llevó a Hernández Soto a entregar la estafeta a Mario Humberto Chávez, quien en abril de 2000 presentó la primera obra como nuevo director del Grupo: De interés social, de Luis Eduardo Reyes. En 1996 Víctor Hugo Rascón Banda fue el gran homenajeado en los eventos del Itesm. En abril se presentó en el Teatro de Cámara su obra Cierren las puertas, la cual en el estreno (donde estuvo presente Víctor Hugo) logró un lleno de tal magnitud, que no sólo se cerraron las puertas del palenque en la ficción escénica, sino que se cerraron también las puertas exteriores del Teatro dejando fuera a cientos de personas que no alcanzaron lugar. El Teatro de Cámara, ha sido utilizado con frecuencia para festivales de teatro escolar, en su mayoría coordinados por el profesor Luis Saavedra. De esta manera cada año, durante una corta temporada o una sesión marathónica, 10 o 12 grupos de escuelas de la ciudad de Chihuahua suben al escenario para presentar al público, integrado generalmente por maestros, parientes, amigos y compañeros, las obras que han preparado. A partir del segundo lustro de los años 90 el Programa Nacional Teatro Escolar ha propiciado que directores de prestigio de los estados realicen producciones muy decorosas destinadas a jóvenes estudiantes. Aprovechando estos recursos, el conocido director de teatro de Ciudad Juárez, Octavio Trías, realizó el montaje de la obra El Médico a palos, de Moliére, la cual en 1997 alcanzó las cien representaciones requeridas, algunas de ellas en el Teatro de los Héroes de Chihuahua. Ese mismo año, también con el apoyo del Programa Nacional de Teatro Escolar y del Ichicult, Trías inició el montaje de otra comedia de Moliére: Las Preciosas ridículas, para lo cual audicionó en el Teatro de Cámara, seleccionando a diez jóvenes actrices para integrar el reparto; cinco de ellas interpretaron personajes masculinos. Los ensayos, el estreno y algunas de las 72 funciones que alcanzaría la obra, se realizaron en el Teatro de Cámara Fernando Saavedra, que de esta manera acogió al teatro francés del siglo XVII en el que se expresa la preocupación de la burguesía por aparentar ser “gente culta”, el fenómeno de los nuevos ricos y el afán de los padres por casar pronto a las hijas. Años después, en 2002, Manuel Talavera obtendría el apoyo del Programa Nacional de Teatro Escolar para montar En la diestra de Dios Padre, obra que alcanzaría felizmente las 100 representaciones, algunas de ellas en el Teatro de Cámara Fernando Saavedra. Otras vocaciones del Teatro de Cámara Entre las muchas funciones que se le han atribuido al Teatro de Cámara, está la de servir de escenario para la entrega de premios, medallas y otro tipo de distinciones. Entre otros premios que en su escenario se han otorgado, se encuentran: El Tomás Valles, a chihuahuenses ilustres de reconocida trayectoria. Ese Premio (que ya no se entrega) fue recibido, entre otros, por el actor Anthony Quinn y por el cineasta Gonzalo Martínez. Algunas preseas que se otorgan normalmente en otros recintos pero que con frecuencia se han otorgado en el de Cámara son: el Premio Chihuahua en sus diferentes áreas. Este certamen, que requiere concursar con una obra, generalmente realiza la ceremonia de premiación en el Salón Rojo de Palacio de Gobierno, pero en ocasiones excepcionales se ha entregado en el de Cámara. Con la Medalla Ángel Trías, otorgada por la Sociedad de Estudios Históricos, sucede lo mismo. Otros premios que se han entregado alternativamente en diversos recintos, entre ellos el de Cámara, son: El Premio Estatal de Periodismo y los Premios Pacmyc, por proyectos relacionados con culturas populares, el de Calidad de Vida y, más recientemente, el de Conafe (Consejo Nacional de Fomento Educativo), así como los estímulos otorgados por el Fondo Estatal David Alfaro Siqueiros. Además, en el Fernando Saavedra se han llevado a cabo los concursos estatales de oratoria para secundarias técnicas; y los de lectura “Don Quijote en la vida de los jóvenes de hoy”, entre 1999 y 2004; y El Pancho Villa de Frederick Katz. Todos estos realizaban su fase final en el Teatro de Cámara y allí mismo se premiaba a los ganadores. El teatro de Cámara ha tenido también una vocación didáctica. En él se han llevado a cabo cursos, talleres y seminarios, algunos de corte académico convencional en diversas áreas de la ciencia, la tecnología y las humanidades, y otros que se antojan extraños o bien impropios de la categoría de un recinto teatral. Entre estos últimos registramos los Seminarios de Peinado y Corte. Y entre los extraños los Cursos sobre Mapas mentales y desarrollo de la creatividad y el Taller de Feng Shui. Otra faceta interesante del Teatro de Cámara, es la atracción que parece ejercer sobre grupos religiosos que gustan de compartir, sobre su escenario, su música de iglesia o bien su cultura sobre libros sagrados. Este ha sido el caso de las iglesias cristianas Sión y Camino del Rey, el templo Bethel, y las iglesias Maronita y Bautista de Jerusalem, entre otras muchas. El vestíbulo del Teatro de Cámara Fernando Saavedra ha sido utilizado como espacio de exposiciones, aunque no propiamente artísticas, sino de maquetas o fotografías relacionadas con el tema expuesto en la sala. En una ocasión, a finales de los años 80, el vestíbulo dio cabida a una exposición muy singular. Después de la presentación de la obra El hombre elefante, con Jesús Ramírez en el papel principal, al salir de la sala el público se sorprendió al encontrar dentro de una caja de madera con cubierta de cristal (usada normalmente para guardar la bandera), al hombre elefante que minutos antes había visto sobre el escenario. Ahora, como si estuviera momificado, sin mover un músculo, exhibía su desnuda fealdad para satisfacer el morbo de la gente.
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