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TEATRO DE LOS HÉROES

Teatro de los Héroes

Ubicación

Av. División del Norte #2301
Colonia Altavista
C.P. 31170
Telefono y fax: (614)414-21-72
Horario de taquilla: 11:00 a.m. a 7:00 p.m.

Historia

Un Nuevo Teatro de los Héroes para La Ciudad de Chihuahua
Por: Alma Montemayor

El antiguo Teatro de los Héroes se había quemado el 17 de julio de 1955. Aunque los últimos años fueron de franca decadencia, y pese a que estaba convertido en cine de ínfima categoría, seguía dando cabida a la presentación de grupos locales, especialmente al grupo Afición Chihuahuense, dirigido por el profesor Fernando Terrazas, y albergaba también espectáculos de compañías visitantes, algunas de gran prestigio, como la compañía de zarzuelas y operetas de Pepita Embil.

No obstante su lamentable estado, el Teatro era símbolo del esplendor pasado y su desaparición dejó una gran tristeza y un enorme vacío que otros espacios trataron de llenar, pero que no fue cubierto por un recinto idóneo sino 25 años después, cuando se inauguró el nuevo Teatro de los Héroes.

Entre los recintos alternativos que los artistas locales y foráneos utilizaron durante esos 25 años, se cuentan el Paraninfo, que albergaba eventos culturales desde hacía varias décadas; el Cine Colonial, en donde se presentaban eventos de distinta naturaleza, populares o artísticos; y el Teatro de Cámara de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad, el cual se construyó poco tiempo después de la desaparición del de los Héroes.

Manuel Bernardo Aguirre, quien había asumido la gubernatura del Estado en  octubre de 1974, asignó al Departamento de Comunicaciones y Obras Públicas la construcción de instalaciones para albergar el creciente número de oficinas de Gobierno. Fue así que se construyó el edificio Héroes de la Reforma, en los terrenos que había ocupado el antiguo Teatro de los Héroes.

Pero al mismo tiempo en que se cancelaba la posibilidad de reedificar el Teatro en su lugar original, Manuel Bernardo decidió construir, en el norte de la ciudad, un nuevo y moderno Teatro, que dispusiera de amplios espacios para estacionamiento.

El lugar elegido estaba muy cercano al cruce de dos avenidas importantes: Universidad y División del Norte, donde se encontraba Los Laureles, la residencia del gobernador en turno que tenía jardines, una nogalera, casetas de vigilancia y una amplia área deportiva con un frontón muy grande.

Los policías rurales, a caballo, atravesaban con frecuencia esos espacios, para dirigirse a su cuartel, detrás del frontón, en donde además de sus habitaciones contaban con un área destinada a caballeriza, ahí tenían también algunos avestruces.

A mediados de 1978, cuando faltaban poco más de dos años para que concluyera  su gobierno, Manuel Bernardo encargó al equipo del ingeniero Rigoberto Porras Morales, jefe del Departamento de Obras Públicas, que prepara el proyecto para la construcción del Teatro en el área contigua a Los Laureles, donde los jóvenes jugaban football en unas canchas que colindaban con la Ciudad Deportiva y el área de la Universidad.

Tiempo antes se había hecho un fallido concurso, en el que los participantes presentaron diseños de teatros para 3000 o más espectadores, lo que resultaba excesivo, tanto porque era difícil llenar un teatro de esa capacidad, como por la dificultad de cumplir con los requisitos de buena visibilidad y acústica en un espacio de esas dimensiones.

La asesoría de Manolo Fábregas permitió clarificar que los teatros modernos no debían tener mucho más de 1500 asientos, y que su diseño debería permitir que cualquier espectador viera y escuchara perfectamente sentado en cualquier butaca ya fuera de la 1ª. o de la última fila.

La asesoría no quedó en un discurso esclarecedor. Manolo comprendió que el equipo de Obras Públicas debía tener la experiencia de conocer de cerca y observar el funcionamiento de varios teatros  en otras ciudades y les sugirió viajar con este fin. Varios de los ingenieros y un arquitecto del equipo, Miguel Ángel García Dorantes (quien habría de tener a su cargo el diseño arquitectónico del Teatro), viajaron a Los Ángeles y a El Paso. Después, a invitación de Manolo Fábregas, visitaron la Ciudad de México, donde centraron su atención en el Teatro San Rafael, que Manolo había mandado construir hacía pocos años y que manejaba conceptos modernos, como el de butacas tipo continental, sin pasillos intermedios y acceso a la sala por pasillos laterales; con amplios espacios entre las filas para permitir seguridad y comodidad.

En la capital del país tuvieron oportunidad de ver el teatro San Rafael y platicar largamente con el arquitecto Herrera, que lo había diseñado. Permanecieron allá durante tres meses, analizando todos los detalles de construcción y funcionamiento del teatro. No se conformaron con observar el teatro vacío. Asistieron a las funciones de El diluvio que viene, que se exhibía en aquellos días, y cambiaron de lugar en repetidas ocasiones para comprobar las condiciones de visibilidad y acústica; observaron el desplazamiento de los actores en los camerinos, la funcionalidad del vestíbulo, la suficiencia de los pasillos...

Durante ese tiempo trabajaron también en un diseño abierto que ubicarían con precisión en el terreno donde habría de construirse el Teatro en Chihuahua.  Finalmente resolvieron que instalarían a los aproximadamente 1500 espectadores en dos plantas: la baja o luneta y la alta o balcón.

El proyecto del Teatro fue terminado en Chihuahua, en una oficina que ocupaba el equipo de Obras Públicas en el segundo piso de Palacio de Gobierno. Una vez terminado el proyecto, el gobernador sugirió que éste se mostrara a Pedro Ramírez Vázquez, uno de los arquitectos más prestigiados del país, que en aquel tiempo era titular de la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP). Ramírez aprobó el proyecto en lo general y sólo sugirió, en el área del estacionamiento, el uso de un adoquín especial, con cavidades que se llenan de tierra y, con la humedad, se cubren de verde vegetación. Esta sugerencia se descartó porque el clima de Chihuahua es muy seco.

Cuando la obra se inició, a principios del año 1979, el equipo de Obras Públicas estableció su taller de proyectos y dibujo en el área de construcción del Teatro, en lo que había sido la casa de la policía rural; allí montaron su “residencia” y prácticamente ahí vivían para constatar los avances día con día.

Conforme se iba avanzando en la construcción del Teatro, surgió una idea a la que de inmediato se dio luz verde: construir otros dos teatros: el de Cámara y el Teatro al aire libre. El arquitecto Eduardo Nava se encargó del diseño y el seguimiento de la construcción del Teatro de Cámara; en tanto que el equipo de Obras Públicas se hizo cargo del proyecto del Teatro al aire libre. Durante meses se construyeron simultáneamente los tres teatros y se terminaron al mismo tiempo.

La supervisión arquitectónica estaba a cargo de Obras Públicas en sus aspectos generales, y tenían apoyos de ingenieros especialistas para las instalaciones hidro sanitarias, eléctricas y de aire acondicionado. Por supuesto las ingenierías teatrales (telones, poleas, concha acústica, iluminación, equipos de sonido, etc.) requirieron de un apoyo sumamente especializado y de asesoría constante, que la empresa norteamericana OLESEN brindaba muchas veces por vía telefónica, teniendo a la vista los planos de las instalaciones.

En materia de acústica asesoró el ingeniero Eduardo Álvarez Sierra, de la Ciudad de México. Él hizo el proyecto de acústica teatral para los tres teatros, en estrecha colaboración con el equipo de residentes que diseñó las formas y dimensiones de los escenarios.

En el Teatro de los Héroes se instalaron una especie de paneles o pantallas acústicas con diversas inclinaciones, colgadas del techo, en las cuales “rebotan” los sonidos del escenario y se dirigen a todas las butacas de la sala. De esta manera las pantallas dispersan las ondas sonoras sobre los espectadores de manera uniforme. Los materiales de construcción del teatro (acabados rugosos, maderas lisas...) contribuyen a evitar la reverberación o eco, logrando la frecuencia idónea para la audición.

El esqueleto del Teatro es una superestructura de concreto armado. La torre de tramoya, que aloja los tiros contrapesados y escenografías, está hecha a base de elementos metálicos: grandes vigas de acero que forman una especie de jaula forrada con una lámina aislante llamada multipánel.

Y a propósito de esqueletos, algunos empleados del Teatro que participaron en su construcción, aseguran que cuando excavaban para hacer el foso bajo el área del escenario, encontraron varios huesos humanos que configuraban cinco o seis esqueletos. Nadie dio parte a las autoridades, por lo que no se realizó investigación alguna ni se sepultó en camposanto a las osamentas.

En el acceso principal y en el piso del vestíbulo, se colocaron placas de mármol de una pulgada de espesor, que prácticamente son eternas, aunque deben limpiarse y pulirse periódicamente.

El 30 de septiembre de 1980 Manuel Bernardo Aguirre rindió en el cine Colonial su VI y último informe como gobernador. En él señaló que, después de 25 años, la capital del estado volvía a disponer de un teatro que contaba con los más modernos adelantos de la técnica teatral. Al teatro principal se agregaban dos teatros más (el de Cámara y al aire libre). El conjunto, al cual se denominó Complejo Cultural y Artístico Teatro de los Héroes, disponía de un estacionamiento para 300 vehículos y estaba rodeado de áreas verdes,. Tuvo un costo de 120 millones de pesos.

El Teatro de los Héroes se inauguró con la presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro Sergio Cárdenas, la noche del jueves 2 de octubre de 1980, unas horas antes de que Manuel Bernardo Aguirre entregara la gubernatura a Oscar Ornelas.

El elegante folleto que contenía el programa inaugural, iniciaba con un nostálgico artículo de Alfonso Escárcega, cronista de la ciudad, sobre el antiguo Teatro de los Héroes. Continuaba con una breve descripción del nuevo Teatro en donde se señalaban sus dimensiones: “aproximadamente 60 metros de frente por 70 de fondo; la altura de la sala en su parte central: 17 metros; 850 butacas en la parte baja y 650 en la alta; cuenta con 4 camerinos colectivos y 6 individuales; 2 áreas de descanso, recepción, oficinas, sala de ensayos, talleres, bodega de almacenamiento y foso de orquesta”. También se incluía en el folleto la larga lista de créditos técnicos de quienes habían participado en la construcción del nuevo Teatro.

El programa era el siguiente: Tierra de Temporal, de José Pablo Moncayo; Concierto en Re mayor opus 35 para violín y orquesta de Tchaikovsky; (intermedio) y Sinfonía en La mayor opus 92 de Ludwig Van Beethoven. El solista era el afamado Guidon Kremer, considerado “el mejor violinista del mundo”.
El concierto se abrió con música de Moncayo y concluyó con música del mismo autor, pues como respuesta a los prolongados aplausos, la Orquesta interpretó Huapango.

Al terminar, el Presidente, que por disposición del Estado Mayor ocupaba una butaca en la fila 14 (al parecer allí lo sentían más protegido porque tenía “techo”) se desplazó al escenario para saludar a los integrantes de la Orquesta y a su director; y desde allí, con su gesto propio de político carismático, envió un caluroso saludo al público.

Los reporteros hicieron constar por escrito todo, incluso un curioso incidente: para volver al área de butacas, López Portillo no buscó la escalera por donde había subido, sino que brincó del escenario a la sala, dando un traspié y viéndose obligado a levantar excesivamente un brazo para guardar el equilibrio; esto provocó que se le cayera la mancuernilla del puño derecho; el Presidente se entretuvo unos segundos tratando sin éxito de encontrarla, pero enseguida recobró la compostura y continuó saludando sonriente para reunirse con el gobernador.

Sergio Cárdenas, el director de la Sinfónica Nacional, se expresó elogiosamente del recién inaugurado recinto: “Es un excelente Teatro, como muy pocos en el país; nuestro deseo más ferviente es que el pueblo logre crear conciencia del magnífico teatro que tiene”.

El joven director recibió de manos del Presidente de la República un original obsequio que en realidad había mandado hacer Manuel Bernardo Aguirre. Se trataba de una flauta  elaborada con un pedazo de madera del antiguo Teatro de los Héroes. La flauta tenía un casquillo de oro en el que se habían grabado las iniciales del director y la fecha de la inauguración del nuevo Teatro de los Héroes.

 

 

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